Todos los días cuando oscurecía
ella sufría por si no venía,
porqué decía que estaba sola
y solo ella la comprendía.
Y al llegar a su cuarto
se asoma a la ventana;
la niña está dormida
y hasta la mañana,
porqué ha visto a su amiga,
ella le ha sonreído
y como cada noche
la luna le decía, le decía:
Duerme niña, duerme
que yo te cuido
y a la mañana siguiente,
tú sabrás que te he cuidado
y esta noche volveré a tu lado.
Sigue mermando su esperanza, continúa sintiendo la frialdad de su cuerpo y de su corazón, y solo le queda el consuelo del calor efímero que proporcionan desconocidos que vienen y van.
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