domingo, 15 de enero de 2012

Bienvenida de nuevo

Se despertó con la mirada borrosa, estaba mareada; pasó su mano por la frente y soltó una mueca de dolor, se había hecho una brecha.
No sabía cuanto tiempo había permanecido inconsciente en el suelo, miró el reloj y habían pasado tres horas. Tres lentas horas más de su vida insulsa.

Decidió comer algo; antes de llegar a la cocina se contempló en el espejo y miró como la desnutrición hacía estragos en su cuerpo; sonrió levemente, le gustaba comenzar a sentirse delgada aunque sin fuerzas.
Fijó su mirada en su frente, tenía un pequeño hilo de sangre que llegaba hasta su mejilla.

Cogió una servilleta empapada con agua y se la puso en la frente; se sirvió un poco de café de la cafetera creyendo que con eso su hambre estaría saciada hasta la noche.

Dando pequeños sorbos comenzó a andar por el piso, estaba todo desordenado y las tareas domésticas atrasadas. Estar todo el fin de semana en casa había tenido el efecto contrario al que ella quería, pues no había conseguido ni paz ni tranquilidad, se encontraba más abrumada por todas las circunstancias que le acontecían.

Sabía que tarde o temprano los demás notarían aquel cambio en ella, sólo deseaba desaparecer, dejar de sentirse un desecho y una inútil. 

Su pelo rojizo se tornó negro azabache, creía que al cambiar su pelo cambiaría algo de su vida por insignificante que fuera; que quizá aparecería una nueva ilusión o motivación que la despojasen de la inertidad de sus sentimientos... pobre ilusa.

A pesar de que su nuevo color de pelo acentuaba más sus ojos sus ojeras volvían a esconderlos. Pálida y sin ánimo para aguantar el peso de su propio cuerpo, se tumbó para dormir y dejar que siguiera pasando el tiempo y con él otro día más.

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