martes, 31 de enero de 2012

Con olor a canela

Deambulaba por una zona apartada de un parque, se tumbó sobre el húmedo césped y mirando a un cielo falto de estrellas con las que soñar se puso a pensar hacia donde se dirigía su vida...

Febrero... cómo pasa el tiempo. Sonrió con desgana, cada 30 días decía la misma frase pero con distinto mes. A falta de estrellas, el oscuro manto del cielo le bastó para empezar a idealizar un futuro perfecto... Posteriormente sacudió su cabeza e imaginó un futuro más factible, el cual no le desagradó, incluso sería feliz con lo poco que se propuso.

Decidida, se levantó concluyendo que ya había soñado lo suficiente, y tarareando I want to break free volvió a casa sin motivo alguno por el cual ser feliz, pero con esa sensación de alivio que la dejaba estar tranquila.

En su interior sabía que por más veces que se preocupase o que intentase realizar un gran cambio, no todo dependía de ella, no podía intentar manejar su vida al 100%, a su antojo. Pero algo en su mente hacía que sonriera, a pesar de ver el devenir de un futuro oscuro, conseguía traspasar las brumas y ver una luz al final del todo.

Ahora no... pero seguro que tarde o temprano.. SI!

Al llegar a su casa le invadió una sensación de confortabilidad, sus padres cenaban y hablaban sobre el transcurso del día, se sentó a su lado y comenzó a conversar con su madre; el padre le dio un beso en la frente y se acostó.

Llegó a su habitación y encontró una caja de galletas de canela (sus preferidas) con una nota que decía "No te acuestes tarde y cena algo. Papío".

Aquel día... sin nada en especial había sido perfecto. Daba igual la oscuridad con la que se plantease su futuro, habían luces que siempre estarían ahí para hacerla brillar ^^.

domingo, 15 de enero de 2012

Bienvenida de nuevo

Se despertó con la mirada borrosa, estaba mareada; pasó su mano por la frente y soltó una mueca de dolor, se había hecho una brecha.
No sabía cuanto tiempo había permanecido inconsciente en el suelo, miró el reloj y habían pasado tres horas. Tres lentas horas más de su vida insulsa.

Decidió comer algo; antes de llegar a la cocina se contempló en el espejo y miró como la desnutrición hacía estragos en su cuerpo; sonrió levemente, le gustaba comenzar a sentirse delgada aunque sin fuerzas.
Fijó su mirada en su frente, tenía un pequeño hilo de sangre que llegaba hasta su mejilla.

Cogió una servilleta empapada con agua y se la puso en la frente; se sirvió un poco de café de la cafetera creyendo que con eso su hambre estaría saciada hasta la noche.

Dando pequeños sorbos comenzó a andar por el piso, estaba todo desordenado y las tareas domésticas atrasadas. Estar todo el fin de semana en casa había tenido el efecto contrario al que ella quería, pues no había conseguido ni paz ni tranquilidad, se encontraba más abrumada por todas las circunstancias que le acontecían.

Sabía que tarde o temprano los demás notarían aquel cambio en ella, sólo deseaba desaparecer, dejar de sentirse un desecho y una inútil. 

Su pelo rojizo se tornó negro azabache, creía que al cambiar su pelo cambiaría algo de su vida por insignificante que fuera; que quizá aparecería una nueva ilusión o motivación que la despojasen de la inertidad de sus sentimientos... pobre ilusa.

A pesar de que su nuevo color de pelo acentuaba más sus ojos sus ojeras volvían a esconderlos. Pálida y sin ánimo para aguantar el peso de su propio cuerpo, se tumbó para dormir y dejar que siguiera pasando el tiempo y con él otro día más.

viernes, 13 de enero de 2012

Sola en el castillo

Cada semana los reyes abandonaban el castillo para marcharse a su casa de campo; aquél viejo paraje que ella había recorrido de niña, pasando las tardes entre árboles y ardillas, respirando aire puro y dejando volar su imaginación a través de aquel bello paisaje invadido por el silencio que en ocasiones le era escalofriante.
Pero tras el tiempo, la niña se sentía cansada al estar en la naturaleza, sus pulmones se achicaban al respirar aquel aire y su infantil imaginación quedó mermada a medida que crecía.

Sola en el castillo, como cada fin de semana; recorría las habitaciones buscando algo nuevo con lo que entretenerse, con lo que pasar las horas muertas que avanzaban lentamente.

Sentada en su poltrona, mirando hacia la ventana, zurcía el vestido de una vieja muñeca ya olvidada hacía años.

Si fuese tan fácil coser los pedazos rotos y sanar las magulladuras sentimentales como las físicas, en este mundo no existiría el dolor... pensó.

Continuó toda la tarde hasta entrada la noche zurciendo el vestido y peinando a su muñeca. Ni siquiera cenó, se estirazó en su cama y embelesada miró fijamente el techo y empezó a imaginar cómo sería su vida si tuviese a alguien que la quisiera y la cuidase. Imagino su vida sin soledad.

Se escabulló entre las sábanas frías, y mojando su almohada se quedó dormida soñando con un futuro lejano que por el momento, tardaría en llegar...

domingo, 8 de enero de 2012

Cuando todo parece perfecto

Ella se encontraba sentada con la cabeza de su amado en su regazo; con suavidad, acariciaba su pelo mientras él dormía plácidamente.

Todo era perfecto, parecía que no existiese el tiempo.

Pasó su mano izquierda sobre su pecho para sentir aquél corazón caliente que daba vida a aquella persona que ella veía tan fuerte y en ese momento estaba tan indefensa; reposando en total armonía y tranquilidad.
Decidió tumbarse a su lado y posar su cabeza sobre el pecho de su amado para quedarse dormida sintiendo los latidos de su corazón.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, abrió lentamente los ojos y vio como aquél chico la observaba a la vez que acariciaba su pelo y la contemplaba con los ojos brillantes.
Sus sonrisas eran envidiables, pues ambos eran felices teniendo ese momento de paz el uno con el otro. No necesitaban nada más, no pedían nada más. Sólo esas pequeñas caricias y sus miradas eran suficiente para hacer de ese momento, otro momento perfecto que recordar.

viernes, 6 de enero de 2012

El jinete sin cabeza

Ya ha pasado un año y parece que haya sido una eternidad desde aquel entonces.

Es consciente de que se le ha acabado el cuento de hadas, de que sus sueños han quedado tapados por una cruda y fría realidad que con el paso del tiempo se afianza y le amarga más la existencia.

El soñar quedó atrás junto con su infancia, y mientras se mira en el reflejo del agua se pregunta quién querría estar con ella...

Tras sus dudas, un largo silencio sentencia que su soledad continuará por largo tiempo...


Llora y suspira por nadie... esperando a su jinete sin cabeza...

miércoles, 4 de enero de 2012

Duerme niña, duerme

Todos los días cuando oscurecía
ella sufría por si no venía,
porqué decía que estaba sola
y solo ella la comprendía.


Y al llegar a su cuarto
se asoma a la ventana;
la niña está dormida
y hasta la mañana,


porqué ha visto a su amiga,
ella le ha sonreído
y como cada noche
la luna le decía, le decía:


Duerme niña, duerme
que yo te cuido
y a la mañana siguiente,
tú sabrás que te he cuidado
y  esta noche volveré a tu lado.



Sigue mermando su esperanza, continúa sintiendo la frialdad de su cuerpo y de su corazón, y solo le queda el consuelo del calor efímero que proporcionan desconocidos que vienen y van.