Su mirada vacía observa con recelo a esas personas que tienen la oportunidad de saciar esa simple necesidad...
Cierra los ojos, imagina que alguien la rodea entre sus brazos e intenta evocar esa sensación de calidez y confortabilidad, ese momento de silencio y de paz... pero no logra culminar esa sensación, su mente es consciente de que no puede saciar esa necesidad imperante que crece cada día en su interior.
Se nota su piel fría, los dedos gélidos, como ella misma. Un escalofrío recorre su cuerpo al visualizar aquellos recuerdos ya lejanos y llenos de sentimientos borrados con el paso del tiempo.
Sonríe ante su desdicha, notando como sus mejillas se humedecen por tan banal acto como es un simple abrazo.
Y así continua la princesa, encerrada en su torre amurallada...