Ya ha pasado un año y parece que haya sido una eternidad desde aquel entonces.
Es consciente de que se le ha acabado el cuento de hadas, de que sus sueños han quedado tapados por una cruda y fría realidad que con el paso del tiempo se afianza y le amarga más la existencia.
El soñar quedó atrás junto con su infancia, y mientras se mira en el reflejo del agua se pregunta quién querría estar con ella...
Tras sus dudas, un largo silencio sentencia que su soledad continuará por largo tiempo...
Llora y suspira por nadie... esperando a su jinete sin cabeza...
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