Permaneció toda la mañana y parte de la tarde esperando una llamada que podría darle una alegría y algún que otro suspiro a su economía. Pero todos los nervios se esfumaron cuando llegó la llamada y con ella la negativa...
El único cobijo que encontraba era el escabullirse entre las sábanas y dejar que su mente asumiera otro fracaso; su cabeza no dejaba de recordar las veces que lo había intentado y en todas ellas se había quedado a las puertas de conseguirlo.
Aún así, algo le hizo recapacitar al finalizar la tarde; ya que aunque aquel día soleado se hubiera empañado por por una decepción, continuaban habiendo motivos por los cuales tener ilusión, pues era el cumpleaños de su padre.
Fueron las dos hermanas juntas a comprarle un detalle, con aquella mirada brillante de ilusión por intentar acertar en el regalo y que fuese de su agrado, compraron una tarta whisky, su preferida; y en una postal le escribieron felicitándole y diciéndole que le querían.
Al volver a casa el padre de las niñas estaba dormido y decidieron llevarle el pastel a la cama para darle la sorpresa. Pero la sorpresa se la llevaron ellas...
Las dos niñas de pie sosteniendo el pastel, frente a su padre, contemplaron con asombro el rostro de indiferencia con el que éste las miraba, sus ojos fríos y azulados no contenían el menor brillo de cariño o ilusión.
Primero preguntó la mayor, intentando averiguar el porqué de esa actitud; no obtuvo respuesta, el silencio sepulcral del padre hacía prever que no había conversación posible, que hoy no era día de celebraciones y ante la impotencia, la hermana mayor se derrumbo y su rostro se convirtió en un mar de lágrimas.
La pequeña no sabía si intentarlo, pero pensó que no perdía nada y se adentró en la habitación para hablar con su padre. A diferencia de su hermana, ella sí sabía dónde tocar la fibra del padre para que éste le contestase; su única frase fue "¿De verdad puedes dormir tranquilo sabiendo que el día de tu cumpleaños has hecho llorar a tus dos hijas?"...
El padre se incorporó con la mirada cual depredador busca su presa para asaltarle, pero no esperaba encontrarse con la mirada vidriosa de su propia hija, igual de atacante, esperando una respuesta.
Ninguna de las dos tuvo respuesta de su padre, ambas se miraron sin entender nada, pero las dos sentían la impotencia de ver como la ilusión puede mermarse en solo unos segundos y sin motivo ni explicación alguna.
Lo único seguro de todo esto, es que esta noche dos hijas no podrán dormir y llorarán pensando en el comportamiento incorrecto de su figura paterna; y que ese hombre frío aparentemente sin sentimientos, tampoco dormirá porqué le reconcomerá su conciencia el daño que ha hecho.
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