Y volvió a asomarse a su pequeño balcón, donde el cielo le mostraba la misma imagen que ella imaginaba de su cerebro; un cielo nublado que no dejaba vislumbrar siquiera la silueta de un sol que hacía tiempo andaba escondido... Inclinaba su cuerpo en el filo de la barandilla, apoyando su cadera en ella para intentar observar mejor aquel cielo en busca de algún atisbo de luz; pero todo intento era en vano.
Se irguió, contemplando la multitud de edificios que se levantaban a su alrededor; imaginando aquel, su pueblo, como una pequeña colmena donde habitan seres que poco valor tienen pero que juntos forman la sociedad, creyentes de que un grupo de seres unidos ante un mismo ideal son capaces de lograr algo.
Y extrapolando aquella información obtenida de la vista de su balcón, volvió a llegar a la misma conclusión de que en su mente aún existían brumas que impedían ver con claridad algo o alguien que le hiciese volver a sonreír, a sentirse feliz y a sentirse en paz...
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