lunes, 3 de septiembre de 2012

Amarga soledad...

De nuevo volvió a su castillo... tanto tiempo sin estar ahí encerrada y volvió a sus aposentos. Aquél lúgubre lugar que un día vio soleado incluso... 

Había dado cuanto tenía, se había arrastrado y había suplicado atención, cariño, amor... cosas que no suelen pedirse puesto que ha de salir de la otra persona. Y qué tuvo a cambio? Indiferencia, soledad y contestaciones que lo único que hacían era que mermase su felicidad...

Para qué entregar el corazón a alguien que no se sabe si se lo merece... Algo tan frágil, tan fácilmente destructible... Algo que nunca se debe entregar...

La felicidad es efímera, pero el sufrimiento posterior a la pérdida de esa felicidad se hace cada vez más pesado y más difícil de superar... 

No siempre se aprende de los errores cometidos, a veces el muro que se le presenta delante es blando y los golpes recibidos son más leves que la recompensa obtenida... pero al fin y al cabo, no deja de ser un muro infranqueable que acaba por minar toda moral y esperanza de victoria.

Sin más, la princesa de vuelta a su castillo volverá a hilar asomada a la ventana, a la espera de... aún no sabe el qué...


No hay comentarios:

Publicar un comentario