martes, 13 de septiembre de 2011

Mi vieja muñeca

Barahúnda en su cabeza, voces que le ordenan, miradas que le asustan... y al fondo de su mente... una pequeña luz, una niña con los ojos llorosos y agazapada en un rincón, solo le pide que cese el ruido, que paren los pensamientos que turban aquella mente. 

Desaparecen las miradas acusadoras, los alaridos de furia, todo! Solo ve los ojos de la pequeña tornados color verde turquesa por la humedad de estos. Cada vez la siente más cerca, como si pudiese tocarla.

La niña se alza y con desesperación pregunta:
"¿Porqué lo haces todo tan complicado? ¿Porqué me abandonas cada vez que alguien te hace daño? Yo no soy la causante de tu sufrimiento, tan rápido quieres perderme?"

La muchacha, sin entender qué parte de su mente era aquella que le hablaba, solo pudo preguntarle quien era y restar en silencio esperando una respuesta.

"Soy tu inocencia, tu esperanza, la causante de tus sueños y tu imaginación! Recuerdo cuando eras niña y yo la reina de este lugar; y a medida que ha pasado el tiempo me has ido dejando en el olvido para dar paso al desamor, la desconfianza y más sentimientos que lo único que hacen es destruir tu cabeza!
De verdad quieres perder aquello por lo que eres feliz? No deseas volver a ser risueña y fantasiosa? No quieres conseguir a un príncipe? Pues dime como pretendes conseguirlo si no eres capaz de entregarte plenamente a él!"

No pudo más, abrió los ojos y aquella conversación sacada de su imaginación se disipó; corriendo volvió a cerrarlos, vio a la niña como se alejaba hacia aquella luz, sintió que su brazo se extendía hacia ella, y en la oscuridad de su mente la agarró y le dio un abrazo.

Mientras le miraba a los ojos y le acariciaba el pelo, la muchacha le susurró:
" Nunca podría dejarte en el olvido! Te prometo que pronto volverás a ser la reina de este lugar, y perdóname por abandonarnos, ya que sin tus pensamientos pierdo todo lo bueno de mi ser"

Abrió los ojos lentamente, todos los fantasmas continuaban a su alrededor, pero comprendió que quizás no necesitaba una luz externa que la iluminase y le diese calor, si no que ella misma podía ser quien desprendiese la propia luz.





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